Mi reto para ti… Un gesto amable

Haz algo bueno por alguien. Puede ser algo sencillo, mundano. Una sonrisa o un abrazo o unas palabras amables.

¿Qué te cuesta? ¿Y cuánto estás aportando a alguien?

Hoy me he encontrado esto entre el grupo de alumnos y me ha hecho inmensamente feliz. Un mero reconocimiento al cuidado y labor que le dedico semana sí y semana también.

Y hay días que no me apetece nada y que me quedaría en la cama. Y también días en los que no hago nada y me quedo en la cama. Porque todos podemos tener un mal día y todos podemos hacer que el día de alguien sea una pizquita mejor.

¿Y qué te cuesta? Nada.

Recuerdo aquel payaso, en la esquina de una cuesta, que regalaba flores de papel y sonrisas. Y a veces hasta churros. Algunos conductores le ignoraban, igual que ignoramos a muchos otros desamparados que nos cruzamos por el camino. Pero a ese le sonreí y me sonrió de vuelta con su nariz roja, e hizo que mi día fuese infinitamente mejor.

¿Qué cuesta, digo yo, ser amable?

Foto por A. L.

Ni me entero ni me quiero enterar

De vez en cuando pesco tweets aleatorios o comentarios por Facebook y me quedo anonadada por lo poco que me entero de las cosas. Como lo de Cataluña, que me llegó casi de rebote hace una semana y poco (y porque me dio por preguntar y leer al respecto).

Desde que me fui a los Estados no me entero ni me quiero enterar, la verdad.

Me he vuelto minimalista en noticias, término con el que me sentí identificada gracias al señor Bosco Soler. ¿Y sabes qué? El mundo no se acaba.

Tampoco es como si viviese recluida en un páramo perdido del desierto; si tienes internet es imposible escapar a los memes de Trump, sin mencionar que las malas noticias -las de verdad- siempre se hacen sonar en todos los lados. Pero todo el rifirrafe político, las cabeceras sensacionalista, los titulares absurdos, eso de qué mal va el mundo, bueno, se quedan donde están y la vida sigue.

No hace falta que recalque que vivimos saturados. Lo bueno es MUY bueno y lo malo es MUY malo, y entre pop-ups, compartir en Facebook, adds en YouTube y el periódico que me dejan en la puerta de la habitación todos los días, uno tiene que hacer un esfuerzo magnánimo por taparse los oídos. Que no es que el mundo en el que vivo me importe poco, pero cansa. Cansa mucho ver las mismas discusiones, los mismos titulares, las mismas noticias que te hacen mirar el plato de la cena deseando llevar un tapa ojos como los caballos.

El mundo no se acaba porque desconectes un rato e ignores lo que tu feed de Facebook tiene que decir. Claro que hace falta un buen riego de fuerza de voluntad, pero la práctica hace al maestro. Y no es como si no hubiese herramientas miles a tu disposición para filtrar aquello que te interesa de lo que no.

Ahora mismo sólo recibo tres newsletters, las cuales me aportan ese trocito de inspiración y buen humor semanal, y de vez en cuando cotilleo alguna noticia que pillo al vuelo aquí o allá. Poco más, la verdad. Prefiero invertir el tiempo leyendo otras cosas o viendo cosas chulas como este canal de YouTube (Smarter Everyday), donde aprendí por qué los perretes ladean la cabeza y son tan monos. It’s worth the shot.

Así que, lo dicho: no me entero ni me quiero enterar y el mundo sigue en su sitio. El día que no ya me llegará la noticia ;)

Alba Lnz

La Voz

La conoces.

Seguramente tan bien como yo. Ese susurro quedo, escondido entre inhalación y exhalación, que se resbala hacia tus adentros sin aviso previo. Una gota a cada tiempo; un suspiro ahogado que emponzoña de a poco, muy lentamente, todo lo demás.

Es la crítica egocéntrica de tu conciencia, de la tuya y de la mía. La que te machaca sin piedad ni perdón aunque sabes que está mal y deseas, de verdad y de corazón, pedir ayuda. Pero no te deja porque sin darte cuenta se ha colado dentro de ti como una sombra perdida en la noche.

Y ataca. Oh, sí. Ataca cuando más vulnerable te encuentras murmurando todas esas cosas que suelen sobrevolar sin demasiado peso tu cabeza. Pero ese día, ese día caen con la fuerza de un huracán y todas las cosas malas que normalmente eres capaz de mantener a raya relucen como una gema bajo el sol, y acudes impotente a su llamada entre temblores y lágrimas, sabiendo que va a ser un mal día.

Esa Voz que tú y yo tenemos y que a veces me hace preguntarme si será cierto que todos la escuchan o si soy yo, que vengo mal de fábrica y con un par de tuercas de menos. Esa voz de la que nadie habla y a la que todos escuchan, tan difícil de ignorar e imposible de dejar atrás. Un canto de sirena, dulce y melancólico que sabes que llegará un día más, llamando a tu puerta con promesas de las que hieren. ¿Y qué más se puede hacer?, me pregunto a veces.

Qué más se puede hacer…