El mejor momento es ahora

Todos conocemos la sensación de que vamos tarde, como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas.

Ya sabes: ese trabajo que tendrías que haber empezado hace semanas, estudiar para los exámenes que dijiste que ibas a llevar al día, o incluso lo que te mandó tu jefe hace varios días para ayer.

Esa sensación se agranda considerablemente cuando uno salta el ámbito laboral por primera vez y piensas en todas las cosas que podrías haber hecho para poder optar a X trabajo, las veces que no aprendiste idiomas o hiciste cursos, y especialmente cuando dejaste pasar aquella oportunidad que tu amigo si cogió y que le ha cambiado la vida.

Y es que, si quieres tener un árbol en tu jardín el mejor momento para plantarlo probablemente fue hace años. Y el segundo mejor momento es ahora.

¿Por qué?

Porque prácticamente todo lleva tiempo en esta vida, y eso es precisamente lo que no nos sobra. En el fondo da igual a qué aspires y en qué ámbito, cuanto antes empieces a trabajar en ello antes llegarás a tu destino.
Parece fácil, obvio y lógico. Entonces, ¿qué nos detiene? ¿Qué te detiene?

 

Vamos a divagar…

 

Todos queremos algo

No sé tú, pero yo quiero muchas cosas en esta vida. Quiero un Mac y una Harley Davidson –y ya de paso sacarme el carnet-. Quiero aprender sobre marketing, coaching y viajes. Quiero escribir un libro, crear mi propio negocio online, hacer la ruta 66 y surf en Australia.

Y una biblioteca a lo mansión de Drácula. Entre otras muchas cosas.

Pero sobre todo quiero dedicarme a escribir de forma profesional y ser una nómada digital. ESE es mi gran objetivo.

al menos ahora.

¿Cuál es el tuyo?

Sé que hay gente que lo tiene muy claro y otra que no tanto, pero si algo puedo decir de la condición humana es que todos tenemos ambiciones, metas y sueños que sobresalen, aunque por esa cosa llamada ‘realidad’ o ‘ser adulto’ se nos hayan olvidado. Se nos hayan olvidado mucho.

Cuando uno manda al cajón de sastre esas cosas, muy a mi pesar, algo de nosotros también se va ahí con ello. Quizá no una parte vital e importante, pero cuantas más pequeñas cosas vamos mandando ahí, más damos de lado nuestra capacidad de esforzarnos y discurrir por lo que queremos.

Pero siendo realistas, tampoco podemos vivir 100% pensando en lo que nos gustaría llegar a ser. Hay que vivir en el presente después de todo, y hay muchas cosas que se tuercen de camino.

Pero no está mal recordar de tanto en cuándo todas esas cosas que vamos dejando atrás.

 

¿Cuál es tu ‘gordo al volante de un BMW rojo’?

En ‘La semana laboral de 4 horas’, Tim Ferriss habla de ‘el gordo al volante del BMW rojo’, o lo que es lo mismo, su terror particular a convertirse en una persona acomodada, con dinero y padeciendo la crisis existencial de la mediana edad.

perder el rumbo y acabar siendo como el resto del mundo.

Cuando empieza a ver a su ‘gordo al volante del BMW rojo’ asomarse, echa el STOP y le dedica un tiempo a revisar sueños y metas para recuperar esas ganas de emprender y hacer cosas nuevas.

Y sí, empieza a planear en ese mismo momento para hacerlas realidad de alguna forma.

Muchas veces no es cuestión de ‘y si’ sino de ‘cómo’. Y dejarlo para más tarde no contribuye.

Yo tengo una pregunta que de vez en cuando me hago a mí misma –y que incluso apunto en post-its que me voy dejando por ahí escondidos- y con la que intento mantenerme fiel a mi propio YO:

¿Qué harías si supieses que no puedes fallar?

Qué tendrías, a qué aspirarías, en qué o quién te gustaría convertirte. Las respuestas son infinitas y no tienen por qué ceñirse sólo a un ámbito de la vida. Para mi es escribir, viajar, crear momentos inolvidables con mi pareja, llevar a mi hermana al mundo de Harry Potter, hacer YouTube

Muchas, muchas cosas.

Porque, ¿por qué no? ¿Por qué demonios no?

Cuando eliminas de la ecuación la infinidad de peros y cuándos y cómos que suelen enturbiar la mente, queda una claridad obvia a la que muchas veces tememos enfrentarnos. Da miedo mirarse en el espejo y darse cuenta de que no estás haciendo lo que realmente quieres.

sobre todo si te acabas de levantar por la mañana.

Y creo que la mayor parte del tiempo, yo incluida, nos esforzamos por ignorar eso para no enfrentarnos a nosotros mismos. Pero hay veces que por circunstancias, o quizá porque ya hemos esperado demasiado, se hace imposible.

Como dedicar tu vida a escribir.

¿Por qué demonios no? Me pregunté yo a finales de verano del 2015.

[Tweet “¿Qué harías si supueses que no puedes falla?”]

 

El problema del ‘ya lo haré’

Recuerdo claramente hace algunos meses, hablando con el padre de un amigo mío, una conversación que fue más o menos en esta línea.

-¿Y qué vas a hacer cuando te mudes a América?
-Bueno, me gustaría seguir trabajando como freelancer y dedicarme a escribir.
-Pero sabes inglés y español, y allí necesitan mucho de eso. Deberías ser profesora, ganar dinero y ya si eso te dedicas a escribir en tu tiempo libre o cuando tengas la vida resuelta.

No digo que no sea algo lógico y que haya gente que desearía poder estar en mi posición. Desde luego, sería mucho más fácil y menos rompecabezas presentarme como tal, pero la principal razón por la que decidí no hacerlo es porque estoy muy harta y muy cansada de la famosa frase: Ya lo harás…

  • Cuando acabes esto o aquello
  • En tu tiempo libre
  • Después de las vacaciones
  • Cuando tengas un sueldo de verdad
  • Cuando tengas recursos
  • Cuando…

Después de haber estudiado en Norteamérica un año, para mí sería mucho más fácil estar en una academia enseñando antes que haciendo malabares para encontrar clientes que paguen decentemente, sobre todo cuando hace siete meses mi currículo se reducía a una hoja en blanco.

Pero mi pregunta es: ¿por qué debería optar a ello en vez de empezar a trabajar YA en lo que me gustaría ser?

No quiero enseñar, quiero escribir. Y no quiero arrepentirme de ello dentro de 20 años.

Esto me quedó muy claro cuando hace unos meses hice el curso Tribe Writers, de Jeff Goins, donde la mayoría de los alumnos eran adultos de 40 para arriba que siempre habían querido escribir y nunca habían tenido tiempo o ganas o valor.

Y hablando con ellos no dejaba de sonar la frase ‘ojalá hubiese empezado antes’.

Pues mira, no. Gracias. No quiero enseñar y escribir en mis ratos libres. Me las he ingeniado para escribir y ganar dinero y seguir escribiendo en mis ratos libres.

que hace sinergia de +10 a mi habilidad de escritora.

Porque en algún momento hay que empezar, y sé que nunca voy a estar lo suficientemente preparada para empezar por todo lo alto.

La casa se empieza por los cimientos, no el tejado.

 

Ni estás preparado, ni tienes recursos, ni te hacen falta para empezar

La gente tiende a sobreestimar las dificultades que se va a encontrar durante el camino y a infravalorar los recursos que tiene a su alcance TODO EL TIEMPO. Y al final nunca se ponen a ello.

Cuando abrí mi primer blog allá por el 2005, no tenía ni idea de lo que hacía. Más o menos lo mismo que cuando me puse a echar solicitudes de trabajo hace 7 meses.

Y todavía me da un nosequé cuando mando una propuesta, o como ahora lanzando un nuevo blog. Sigo teniendo esa imperiosa sensación de que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo.

Pero allá que voy, porque hay que empezar por algún lado.

Y sí, es cierto que es bueno ir con un plan o incluso con el arnés de seguridad por si te caes de boca, pero la realidad es que nunca vas a poder estar 100% seguro de algo.

¿Cuándo voy a estar lista para lanzar este proyecto? ¿Y para hacer un viaje en solitario? ¿Y para empezar una novela? ¿Y cuándo tendré los recursos para comprarme un Mac? ¿Y para irme a Nueva Zelanda?

Es normal sentirse agobiado cuando uno piensa en todas las cosas que quiere. Yo me siento así. Me falta todo. Pero he aprendido a solucionarlo elaborando esquemas sobre cómo puedo llegar a ello.

Porque lo que mucha gente pierde por el camino es que para empezar tienes que tomar la decisión y empezar a tomar acciones AHORA. Sino vendrá el ‘ya lo haré’ y te dará un zurriagazo en toda la cara.

 

Todo empieza por el final

Todo empieza por marcarse un destino, una meta, un objetivo último como ser nómada digital.

o sea, trabajar desde donde me salga siempre que haya internet.

Yo sabía que para empezar de escritora freelance con 0 experiencia y sin la carrera terminada no iba a llegar a ningún sitio, así que abrí un blog y empecé a escribir en español y en inglés para tener un portfolio que enseñar, algo con lo que decir ‘eh, que sé escribir’.

Cuando decidí que quería viajar en solitario lo que hice fue empezar a expandir mis límites. Sabía que me iba a dar pavor marcharme yo sola a, no sé, la India. Así que escogí un destino familiar: el Camino de Santiago.

Y entre medias también me marqué un roadtrip por España con mi chico.

Ahora tengo el propósito de visitar al menos un país nuevo al año en plan mochileo. Es algo ambicioso y que cuando lo pienso me abruma, pero he ido diseccionando el proceso para dirigirlo mejor. Primero elegí un destino: Canadá. Después empecé a mirar precios, lugares de interés y cuánto me podría costar.

Con una estimación de dinero, lo que hago ahora es ahorrar y evitar gastos innecesarios para llegar a la cantidad que estimo, y de ahí para adelante.

Jeff Walker pone un ejemplo que me parece muy acorde para este tipo de cosas y es el del golf. Tú tiras y después vuelves a tirar, y poco a poco vas corrigiendo el rumbo de la bola hasta que llegue al agujero.

el mejor momento es ahora

 

El Mejor Momento es AHORA

Con un objetivo en mente es mucho más fácil despejar el camino, dar solución a los cómos y justificar los porqués.
Pero sobre todo, para llegar allí hay que empezar en algún momento, y el segundo mejor momento es AHORA.

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