La Voz - AlbaLnz

La Voz

La conoces.

Seguramente tan bien como yo. Ese susurro quedo, escondido entre inhalación y exhalación, que se resbala hacia tus adentros sin aviso previo. Una gota a cada tiempo; un suspiro ahogado que emponzoña de a poco, muy lentamente, todo lo demás.

Es la crítica egocéntrica de tu conciencia, de la tuya y de la mía. La que te machaca sin piedad ni perdón aunque sabes que está mal y deseas, de verdad y de corazón, pedir ayuda. Pero no te deja porque sin darte cuenta se ha colado dentro de ti como una sombra perdida en la noche.

Y ataca. Oh, sí. Ataca cuando más vulnerable te encuentras murmurando todas esas cosas que suelen sobrevolar sin demasiado peso tu cabeza. Pero ese día, ese día caen con la fuerza de un huracán y todas las cosas malas que normalmente eres capaz de mantener a raya relucen como una gema bajo el sol, y acudes impotente a su llamada entre temblores y lágrimas, sabiendo que va a ser un mal día.

Esa Voz que tú y yo tenemos y que a veces me hace preguntarme si será cierto que todos la escuchan o si soy yo, que vengo mal de fábrica y con un par de tuercas de menos. Esa voz de la que nadie habla y a la que todos escuchan, tan difícil de ignorar e imposible de dejar atrás. Un canto de sirena, dulce y melancólico que sabes que llegará un día más, llamando a tu puerta con promesas de las que hieren. ¿Y qué más se puede hacer?, me pregunto a veces.

Qué más se puede hacer…

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