La sensualidad del café

La sensualidad del café

He dejado el café y me duele.

De forma metafórica, claro. No es como si no pudiera sobrevivir sin esa dosis de cafeína en el cuerpo de forma diaria. Sin embargo, resulta una empresa complicada de llevar a cabo cuando no dejan de deslizarse ligeras insinuaciones aquí y allá en todo momento.

Leo un libro y hablan del café. Veo un vídeo y están tomando café. Salgo a la calle y caminan con el vaso humeante entre las manos. ¡Anda! ¡Mira! Mi marido ha hecho café para desayunar.

Sutilezas, ya sabes.

El amor café está en el aire. All around you and I.

Y es que como eso de fumar hará ya varias décadas, el café desprende una sensualidad inherente difícil de ignorar. Sobre todo si eres artista. Sentarte con tu taza de café por la mañana, junto a la ventana, y comenzar a teclear sobre tu vieja máquina de escribir. ¡Ojalá!

Ojalá tuviera una máquina de escribir de las antiguas y una taza de café caliente con leche y un poquito de azúcar para desprenderme de la somnolencia y los problemas primermundistas. Pero decidí que no, que un estilo de vida más sano y equilibrado valía más que el ácido sabor adulterado de unos granos de café molidos y hervidos. Así que bebo agua y como verde. Y también hago yoga en los ratos libre y me siento todos los días de forma rigurosa a escribir.

Son los actos sencillos y rutinarios los que construyen los hábitos que nos llevan más lejos.

Pero joder cómo duele haber dejado el café. Maldito sensual café.

 

Alba Lnz

2 comentarios en “La sensualidad del café”

    1. ¡Y lo rico que está y lo mucho que se echa de menos! Y mira que llevo ya 2 o 3 meses sin café, pero hay días que sencillamente se echa de menos…

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